Sister  Rosetta Tharpe: La madrina del Rock and Roll – 3ª parte

Sister Rosetta Tharpe: La madrina del Rock and Roll – 3ª parte

El legado de una pionera

«La historia no solo se construye con los acontecimientos que suceden. También con la manera en que las generaciones posteriores deciden recordarlos.»

Cuando un artista alcanza una enorme popularidad, resulta fácil pensar que su influencia termina donde acaba su carrera. Sin embargo, la historia de la cultura suele seguir un camino muy distinto. Algunas figuras permanecen siempre en primer plano. Otras parecen desvanecerse durante un tiempo para regresar décadas después, cuando una nueva mirada permite comprender mejor el alcance de su obra.

Sister Rosetta Tharpe pertenece a este segundo grupo.

Tras contribuir durante años a transformar la manera de interpretar el gospel y de entender la guitarra eléctrica, continuó actuando mientras la música popular estadounidense seguía evolucionando. A su alrededor aparecían nuevos estilos, nuevos ídolos y una industria musical que cambiaba a gran velocidad.

El rock and roll ya tenía nombre.

Y también tenía nuevos protagonistas.

Sin embargo, las grabaciones de Rosetta seguían existiendo. Esperaban, quizá sin saberlo, a que otra generación volviera a escucharlas con una pregunta diferente.

Cuando la música continúa su camino

Durante la década de 1950, el rock and roll dejó de ser una promesa para convertirse en un fenómeno internacional. La juventud encontraba en aquella música una forma de expresión propia y los escenarios comenzaban a llenarse de artistas que marcarían para siempre la historia del siglo XX.

Mientras tanto, Sister Rosetta Tharpe continuó haciendo aquello que mejor sabía hacer: subir a un escenario y tocar. Su repertorio seguía profundamente ligado al gospel, pero la energía de sus actuaciones permanecía intacta. Quienes asistían a sus conciertos seguían encontrando una intérprete capaz de convertir la guitarra en una voz más dentro de cada canción.

Uno de los momentos más recordados de esta etapa tuvo lugar en 1964, cuando participó en una gira por el Reino Unido junto a otros grandes nombres del gospel y el blues. La actuación, celebrada en una estación ferroviaria de Manchester, se ha convertido con el paso del tiempo en una de las imágenes más icónicas de su carrera.

El escenario improvisado y Sister Rosetta interpretando Didn’t It Rain con la misma naturalidad de siempre forman hoy una de esas escenas capaces de resumir toda una trayectoria.

El relato cambia con el tiempo

La historia rara vez permanece inmóvil.

Cada generación formula nuevas preguntas sobre el pasado y, al hacerlo, descubre matices que antes habían pasado desapercibidos.

Durante muchos años, y aún a día de hoy cuando se hacen revisiones poco profundas sobre el origen del rock and roll, se explicó el origen del mismo a través de un pequeño grupo de figuras cuya enorme repercusión pública terminó convirtiéndolas en símbolos del género.

Era una forma sencilla de contar una historia compleja. Pero toda simplificación deja inevitablemente elementos fuera del relato.

Con el paso del tiempo, musicólogos, historiadores y periodistas comenzaron a revisar aquellas primeras décadas de la música popular estadounidense.

La pregunta era diferente.

¿Cómo había sido realmente aquel proceso de transformación musical?

Al volver sobre las grabaciones de los años treinta y cuarenta, muchas respuestas empezaron a aparecer con claridad. Entre ellas, una guitarra que llevaba demasiado tiempo esperando ser escuchada de nuevo.

La de Sister Rosetta Tharpe.

Un reconocimiento que llegó con el tiempo

A medida que avanzaba el siglo XXI, el nombre de Sister Rosetta Tharpe comenzó a aparecer con mayor frecuencia en investigaciones, documentales y publicaciones dedicadas a los orígenes del rock and roll.

No se trataba de un descubrimiento.

Sus discos nunca habían desaparecido. Sus actuaciones seguían conservándose y numerosos músicos continuaban mencionándola entre sus influencias.

Lo que había cambiado era la forma de mirar el pasado.

Los historiadores ya no se conformaban con señalar quiénes habían popularizado un género musical. También querían comprender quiénes habían contribuido a hacerlo posible.

Ese cambio de perspectiva permitió situar a Sister Rosetta Tharpe en un contexto más amplio y valorar con mayor precisión el alcance de su trabajo.

En 2018, su incorporación al Rock & Roll Hall of Fame supuso uno de los reconocimientos más visibles de ese proceso.

Su ingreso no modificó el pasado.

Lo hizo más completo.

Un legado que va más allá del rock

Reducir la importancia de Sister Rosetta Tharpe únicamente a su relación con el rock and roll sería quedarse a medio camino. Su verdadera aportación fue demostrar que la tradición y la innovación no son conceptos opuestos.

Mientras algunos entendían el gospel como un género reservado a determinados espacios y formas de interpretación, ella mostró que podía dialogar con nuevos públicos sin perder su identidad.

Su guitarra nunca sustituyó al mensaje de sus canciones. Lo reforzó.

La historia siempre puede ampliarse

Existe una idea muy extendida según la cual la historia es un relato definitivo, compuesto por nombres, fechas y acontecimientos perfectamente ordenados. Sin embargo, el trabajo de los historiadores consiste precisamente en revisar continuamente ese relato a la luz de nuevas investigaciones, nuevas preguntas y nuevas fuentes.

Ampliar la historia no significa corregirla para adaptarla al presente.

Significa comprenderla mejor.

Sister Rosetta Tharpe es un buen ejemplo de ello.

Durante décadas, su nombre permaneció menos presente en muchas narraciones sobre los orígenes del rock and roll. Hoy ocupa un lugar mucho más visible, no porque la historia haya cambiado, sino porque nuestra comprensión de ella es más amplia.

Su caso nos recuerda que el pasado rara vez cabe por completo en un único relato.

Siempre existen nuevas voces, nuevos documentos y nuevas perspectivas capaces de enriquecer aquello que creíamos conocer.

En los anaqueles de la historia

Sister Rosetta Tharpe no necesita ocupar el lugar de otros para explicar su importancia.

Basta con escuchar su música y situarla en el contexto en el que fue creada para comprender por qué su nombre forma parte de la historia de la música popular del siglo XX.

Su legado no consiste únicamente en haber inspirado a generaciones posteriores de artistas.

Consiste también en recordarnos que las grandes transformaciones culturales rara vez nacen de un solo momento o de una sola persona. Son el resultado de innumerables trayectorias que, al entrelazarse, terminan cambiando el curso de la historia.

Quizá por eso merece un espacio en Los Anaqueles de las Pretéridas.

No porque la historia deba escribirse de nuevo.

Sino porque siempre puede escribirse de una manera más completa.