Sister  Rosetta Tharpe: La madrina del Rock and Roll – 2ª parte

Sister Rosetta Tharpe: La madrina del Rock and Roll – 2ª parte

La guitarra antes del rock

Cuando se habla del nacimiento del rock and roll, la memoria colectiva suele detenerse en nombres como Elvis Presley, Chuck Berry o Little Richard. Sus fotografías ocupan las portadas de libros, documentales y exposiciones dedicadas a la música popular del siglo XX. Sin embargo, como ocurre con tantos episodios históricos, el origen de un movimiento cultural rara vez puede atribuirse a una sola persona o a un momento concreto.

Antes de que el rock tuviera nombre, ya existían músicos que experimentaban con nuevos sonidos, nuevas formas de interpretar y una relación distinta entre el artista y el público.

Entre ellos, Sister Rosetta Tharpe ocupa un lugar singular.

La primera parte de esta serie nos permitió conocer el contexto en el que desarrolló su carrera y comprender cómo el gospel comenzó a abandonar el espacio exclusivamente religioso para encontrar nuevos escenarios.

En esta segunda entrega descubriremos por qué una intérprete de gospel terminó siendo considerada una de las figuras más influyentes en la evolución de la guitarra moderna.

Una guitarra que no pasaba desapercibida

Durante las décadas de 1930 y 1940, la guitarra eléctrica todavía estaba dando sus primeros pasos. Aunque comenzaba a incorporarse a distintos estilos musicales, aún no ocupaba el lugar protagonista que alcanzaría pocos años después.

En muchos conjuntos musicales, su función consistía principalmente en acompañar al resto de instrumentos. La figura del guitarrista solista, capaz de atraer por sí sola la atención del público, todavía no formaba parte del imaginario colectivo.

Sister Rosetta Tharpe empezó a cambiar esa percepción.

Sobre el escenario, la guitarra no era un simple acompañamiento de su voz. Era una extensión de su manera de interpretar. Sus frases musicales respondían al canto, dialogaban con él y añadían una intensidad poco habitual en el gospel de la época. No buscaba el virtuosismo como un fin en sí mismo. Cada nota parecía estar al servicio de la emoción de la canción.

Ese equilibrio entre técnica y expresividad constituye una de las características más reconocibles de su estilo.

Escuchar hoy algunas de sus grabaciones permite apreciar recursos que, años después, serían habituales entre guitarristas de blues y rock: riffs repetitivos, ataques enérgicos sobre las cuerdas, pequeños silencios cargados de intención y una utilización del amplificador que aportaba una presencia sonora inusual para aquellos años.

Mucho más que una cantante

Con frecuencia, las fotografías históricas muestran a Sister Rosetta Tharpe sonriendo mientras sostiene una guitarra blanca de gran tamaño. Esa imagen ha terminado convirtiéndose en uno de los símbolos de su carrera.

Su forma de tocar llamaba la atención incluso entre músicos experimentados, que encontraban en ella una combinación poco frecuente de precisión, espontaneidad y energía.

En una época en la que el protagonismo recaía mayoritariamente en hombres, Rosetta ocupó el escenario con absoluta naturalidad.

Su autoridad nacía del talento .Y ese talento resultaba difícil de ignorar.

Cuando el gospel empezó a sonar diferente

Una de las claves para comprender la influencia de Sister Rosetta Tharpe consiste en escuchar sus grabaciones sin la idea preconcebida de que pertenecen únicamente al ámbito de la música religiosa.

Canciones como Rock Me, This Train o Strange Things Happening Every Day conservan una evidente inspiración espiritual, pero incorporan una fuerza rítmica y una manera de interpretar que trascienden las formas tradicionales del gospel.

El ritmo adquiere mayor protagonismo.

La guitarra dialoga constantemente con la voz.

Las pausas generan tensión.

La interpretación transmite una energía que invita tanto a escuchar como a moverse al compás de la música.

Precisamente ahí reside uno de los aspectos más interesantes de su obra.

Rosetta no estaba intentando crear un género nuevo. Su objetivo seguía siendo comunicar el mensaje de las canciones que interpretaba. Sin embargo, al hacerlo incorporó recursos musicales que más tarde formarían parte del lenguaje habitual del rhythm and blues y, posteriormente, del rock and roll.

Una influencia que cruzó generaciones

A medida que el rock and roll fue adquiriendo identidad propia durante la década de 1950, nuevos nombres comenzaron a ocupar el centro de la escena musical. Sus canciones alcanzaban un público cada vez más amplio y la guitarra eléctrica se convertía en el símbolo de una generación.

En el caso de Sister Rosetta Tharpe, diversos músicos reconocieron la importancia de su trabajo o desarrollaron posteriormente recursos musicales que ella ya había incorporado años antes.

Cuando hoy escuchamos sus grabaciones, es fácil reconocer sonidos que asociamos inmediatamente al rock and roll. Pero conviene recordar que, cuando Rosetta los interpretó por primera vez, ese género aún no existía como tal.

Su legado no consiste únicamente en las canciones que dejó grabadas.

Su forma de combinar la voz con la guitarra, la energía de sus actuaciones y el protagonismo que concedía al instrumento anticipaban rasgos que más tarde serían habituales en el rock and roll.

Por ese motivo, historiadores de la música suelen situarla entre las figuras que contribuyeron a preparar el terreno sobre el que crecería el nuevo género.